El punk nunca pidió permiso y este pin tampoco. El logo recortado, torcido, descarado… como si estuviera gritando en mitad de una calle londinense en 1977.
Este pin condensa la actitud Sex Pistols en su forma más pura: desobediencia estética, rabia juvenil y cero intención de caer bien.
Es un accesorio que no se luce: se lanza como un escupitajo conceptual al status quo.
Póntelo para recordarte que el rock también se hizo para incomodar…
y que la irreverencia sigue siendo un excelente modelo de negocio personal.
Precio
$ 25.000,00